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27 de diciembre de 2016

Mudate sin entrar en crisis

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Cambiarse de vivienda es una tarea compleja, más bien, son varias tareas que requieren coordinación y buen hacer, para no incurrir en demasiados gastos y no alterar demasiado el ritmo de vida normal.

Dependiendo del volumen de objetos a trasladar, de la distancia y de otros factores, como la facilidad para cargar y descargar tus pertenencias en los edificios, la mudanza será más o menos complicada.

Sin embargo, hay otros factores sobre los que sí se puede influir, por lo que existen una serie de frentes que hay que trabajar para hacer la mudanza y no morir en el intento, ahorrando dinero por todos los gastos asociados y evitando a la vez alguno de los riesgos típicos, como son los desperfectos y pérdidas de objetos personales.

 

Prepará un plan detallado.

Para hacer una mudanza se necesita un plan, el cual debe ser acordado con los proveedores que puedan intervenir (empresa de mudanzas, transportista, pintores, instaladores,…). Por desgracia, coordinar a todos los equipos que intervienen para poner en marcha una vivienda no es tarea fácil, al ser la mayoría independientes y trabajar con más clientes. Para ello, la anticipación es la mejor aliada, por lo que uno de los objetivos es comenzar cuanto antes cada tarea y así evitar cuellos de botella. Por ejemplo, si hay que pintar las paredes, conviene que todas las tareas que impliquen tirar cables o hacer agujeros en las paredes se hagan previamente.

Pedí ayuda.

Las mudanzas no son fáciles de ejecutar, por lo que toda ayuda siempre es bienvenida. Bien sea a gente de nuestro entorno o a un proveedor que pueda hacer los trabajos de empaquetado, transporte, entrega y colocación en el nuevo domicilio, o bien alquilando una furgoneta o medios para la mudanza, conviene tener previsto el tema de los medios y personas de soporte para la mudanza y evitar prisas de última hora o quedarse corto, haciendo que sea un proceso “eterno” y provocando problemas como roturas de objetos o pérdidas por desorden.

Programá una sesión intensa de orden y limpieza.

La primera tarea del plan de mudanza debería ser siempre una sesión intensiva de orden y limpieza, con el objetivo de hacer más eficiente todo el proceso de traslado y ocuparse sólo de aquellos efectos que tengan alguna utilidad en el nuevo hogar. Trasladar objetos que no tienen valor de una vivienda a otra, sólo añade coste, provoca que se tarde más y genera cansancio, así que hacer un esfuerzo previo para mover sólo lo justo es algo más que recomendable.

Los pagos a proveedores deben estar claros y sin medias tintas.

La mudanza debe hacerse con seriedad. En caso de que surja algún problema, como un accidente laboral o un robo de algún objeto de valor, si se acepta trabajar con una empresa que no es seria, se puede generar una situación bastante complicada y desagradable. Exige al proveedor que gestione los permisos necesarios para carga y descarga, si es un requisito para las localidades de origen y destino.

Contratá un seguro.

Para cubrir daños a las viviendas, los desperfectos en las pertenencias y también robos y desapariciones de elementos de valor. Si hay algo que está asegurado en una mudanza es la generación de desorden y, si no se gestiona con cierta diligencia, se pueden perder objetos de valor.

Utilizá buenos materiales de traslado.

Para trasladar los objetos que hay en una vivienda a otra, no basta con disponer de cajas y ya está. Hace falta material adaptado a cada tipo de objeto y herramientas adecuadas para mover cajas, paquetes y objetos cuya manipulación es compleja. Por ejemplo, un carrito para cargar cajas similar al que llevan los distribuidores de mercancía en los supermercados, ayudará a evitar desperfectos.

Pensá en la logística inversa.

No sólo hay que pensar en que los movimientos se realizan de una vivienda actual a una nueva, sino que hay otros que tocará gestionar, como los viajes para depositar cajas en contenedores y centros de reciclaje o el traslado de efectos que ya no sirven a “puntos limpios” de recogida y tratamiento.

Pedí vacaciones o “días para mudanza”.

Las mudanzas es mejor hacerlas de manera intensiva que extenderlas a lo largo del tiempo. Para poder concentrar todo el trabajo en unos pocos días, no más allá de una semana, viene bien aprovechar algún festivo, fin de semana e incluso sacar algún día de vacaciones o de los que algunos convenios disponen para estos casos. Si son días de convenio, significa que son adicionales a los días de mudanza, por lo que no computan como días de vacaciones.

Y por último (aunque clave a la hora de mudarte), siempre hay una pregunta que deberías hacerte en cada mudanza y es la siguiente: ¿Realmente necesito todos estos objetos, ropa y muebles? Sin llegar a ser radicales, seguro que hay alguna cosa de la que podemos desprendernos para vivir mejor, tener más sitio en el nuevo hogar y menos preocupaciones por mantener y buscarle sitio a objetos que no aportan valor a nuestras vidas.

 

Fuente: Ennaranja